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Ayer fueron publicadas las condiciones para obtener la firma de Go Nagai (Mazinger Z, Devilman) en el FB de SelectaVisión y puede dejar a más de uno desilusionado. Entre las condiciones, se encuentra la obtención de cupones para un sorteo y, a su vez, la limitación a 160 firmas en una lámina numerada para esta edición del Salón Internacional del Cómic. Toda una jugada que dejará al traste a aquellos que quisieran su tomo de Mazinger Z o Devilman firmado, incluidas las dedicatorias, al olvido.

Ya no solamente gastarse dinero en adquirir un material que quizás se tenga, sino también un sorteo limitado con una firma limitada -ni tan si quiera posar para un fotografía-. Situación que en parte viene impuesta desde Japón y, que por parte de Selecta, SD y Ficomic debieron manejar de alguna manera (y el sorteo fue la opción tan ocurrente que se les iluminó).

Por mi parte, solamente quiero dejar constancia que lo lamento por sus aficionados, pero también se lo tienen merecido no solamente ellos sino todos. ¿La razón? Es obvio que el mundo del cómic, sobretodo el del manga, se ha convertido en un atractivo turístico de consumo capistalista de las democracias modernas, no se puede esperar tratar mejor al consumidor cuando solamente es eso: un consumidor. Y como el mundo materialista en que se vive se ciñe en la adquisición de más y más beneficios, por parte de unos, y comprar y comprar chorradas por parte de otros (gente que se gasta el dinero en tomos que quizás no lea ni en meses, solamente por puro coleccionismo), pues me parece muy bien que se han tratados de esa manera.

A ver si aprenden los consumidores a comportarse para respetar sus propios derechos y no ser toreados de esta manera en vez de ser unos desbocados consumidores que almacenan y almacenan, que exhiben sus torres de tomos recién comprados, sus estanterías repletas de comics nuevos y… todo ¿para qué? ¿Para ser tratados así? Más de uno y una debería hacer algo tan simple como sacar el culo de su habitación y hacer alguna actividad diferente en vez de recrearse como un parásito que alimenta este juego que está matando, si es que no lo hizo ya, el mundo del cómic.

Como otras tantas veces he comentado con un buen amigo íntimo… ¿qué se hizo de aquella época en que se leía un cómic de fotocopias, como por ejemplo, Dragon Ball? Entonces no nos preocupábamos de si este tomo tiene o no la portada original o si tiene el logotipo Y o Z. Había muchísimo menos oferta, pero la demanda era más responsable y buscaba la diversión, no el acumular para decir: «Yo tengo». Eramos más de «Yo soy».

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